Sensibilidad*
Nadie puede mostrar lo que no tiene.
Nadie puede ofrecer lo que no lleva en su alma.
La sensibilidad es un factor crucial en el proceso de diseño, desde el proceso inicial de análisis de un hecho arquitectónico hasta la realidad urbana.
Es importante en tanto en cuanto que quien actúa e interactúa en y con la arquitectura es un ser humano, y el ser humano es un ente sensitivo.
A veces me preguntan si me mereció la pena el sacrificio de estudiar arquitectura. Y siempre responderé lo mismo: “Por supuesto. Aunque sea sacrificado, sólo por el hecho de formarte de una manera tan completa en todas las materias, merece la pena. Yo siempre he considerado mi formación un lujo y pienso que todas aquellas personas que sueñan, como me pasaba a mi, con ser arquitecto deberían tener la oportunidad. Porque esto es vocacional. Un arquitecto no sólo lleva consigo el conocimiento, sino la manera de poner en práctica la técnica. De ahí que las cualidades de un arquitecto no las encuentres en otras personas. Por nuestra cabeza pasan en cuestión de segundos desde la inclusión del diseño en el paisaje hasta la elección del material de una simple barandilla”.
img_2348A los arquitectos nos forjan bajo el estigma de la sensibilidad. Algunos tenemos la suerte de traer parte de serie, y al ejercitarla se potencia, pero lo cierto es que aunque la sensibilidad se enseña, bien es cierto que no todo el mundo tiene la misma capacidad de aprehensión.
En general ejercer con sensibilidad es fundamental en casi cualquier ámbito. La experiencia interesante en un caso o decepcionante en otra, que el observador perspicaz pueda tener o no del objeto arquitectónico es solamente el resultado de la destreza y capacidad del arquitecto de manifestar su propia sensibilidad.
No es lo mismo trabajar en una edificación meramente funcional, lúgubre y fría, que hacerlo en un edificio luminoso inclusivo de la naturaleza que no se interpone en la fluidez de las sensaciones.
No es lo mismo un traje confeccionado con entusiasmo y alegría, bajo el amparo de la doctrina que otro tejido bajo el yugo de la producción en serie en un entorno de miseria. No es lo mismo.
Como no puede ser igual un ser humano criado en el seno de una familia acomodada que aquel desdichado que madura desprovisto de la amabilidad de la suerte.

No es lo mismo, las personas somos diferentes, los trajes también y la arquitectura por ende.
Debemos ser conscientes en consecuencia de la importancia del valor, de la virtud. Y aplaudir a quien la posea y la practique. Porque no olvidemos que cuando proyectamos estamos haciéndolo para los demás.
El arquitecto insensible, que lleve en su alma, la impaciencia, la intolerancia, el menor esfuerzo, el ocultismo, el egocentrismo, la envidia, el aburrimiento y la codicia, diseñará según sea ese instinto y generará este reflejo.
Un arquitecto sensible, humilde, honesto, por el contrario llevará en sí la responsabilidad, la preparación, la investigación, el estudio, la constancia, la alegría, la empatía**. Buscará y encontrará soluciones basadas en ideas alentadoras.
Evidentemente sus resultados serán distintos. La sensibilidad patente en cada uno de ellos delatará un diseño de menor o mayor calidad.
Superar las imperfecciones humanas de un alma poco comprensiva es la llave para mejorar el panorama arquitectónico actual. Porque en primer lugar todo parte por conocerse a sí mismo, y una manera maravillosa de hacerlo es “vivir el presente”, pero teniendo consciencia, aprendiendo y respetando el pasado.
Para un arquitecto ninguna acción, por básica que sea, se trata de hacer por hacer, como no se nos ocurriría enviar un texto sin revisarlo, del mismo modo, proyectamos. En el “simple” diseño de un mueble, en décimas de segundo estamos pensando en su peso, la resistencia al fuego de sus materiales, la superficie que ocupará, su transporte, durabilidad, color, tacto, acabado, olor, forma, precio, dimensiones, la relación con el entorno donde irá ubicado, la accesibilidad del objeto en sí… y se que algunos se plantean hasta el sonido que harán los brazos al apoyarse.
Y es que al final no nos eligen por nuestro conocimiento técnico (se da por hecho), nos eligen por esa nota esencial, ese matiz, que sólo puede apreciarse en las distancias cortas, como si de un perfume se tratara, y que define nuestra marca personal, la sensibilidad.
*Interpretación del conocido texto de Enrick Bojorque Pazmiño.
** (La empatía es una de las cualidades que más deberíamos fomentar. Sin empatía este mundo no tiene futuro). Practicar la amabilidad no cuesta nada, pero vale mucho.
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